El uso de las tarjetas bancarias de débito (cargo inmediato en cuenta) y crédito (cargo retrasado a final de mes) nos han facilitado mucho la vida a la hora de pagar bienes y servicios sin tener que llevar dinero encima además de que suele ser el único medio de pago disponible a la hora de hacer compras online en Internet. No obstante, su uso conlleva una serie de riesgos que el modelo expuesto en este artículo pretende minimizar.

Riesgos y soluciones

Los datos de una tarjeta de crédito que habitualmente se emplean para realizar una compra son los siguientes: Nº de tarjeta, Nombre del titular, fecha de caducidad, código de seguridad CVV (tres digitos adicionales que suelen figurar detrás de la tarjeta), pin y firma autorizada del titular. Sin embargo, las compras online en internet difieren de las realizadas en la calle:

  • Compras en la calle (tiendas físicas):  Requiere la tarjeta física, firma del titular, pin o firma autorizada y, a veces, presentación del DNI antes de realizar el cargo. No es necesario el CVV.
  • Compras en internet (tiendas virtuales): Requiere únicamente disponer del nº de cuenta, fecha de caducidad y CVV.

CVV oculto

Como vemos, el principal riesgo es que nuestra nº de tarjeta/caducidad/CVV caiga en manos de alguien que desee hacer alguna compra online con cargo a nuestra tarjeta. Cuando proporcionamos nuestra tarjeta física para pagar en un comercio, nuestro CVV queda expuesto innecesariamente a miradas ajenas por lo que como primera medida de seguridad, conviene borrar (rascar) el CVV de nuestra tarjeta de débito/crédito y memorizarlo (el CVV no es necesario para hacer compras en tiendas físicas). Esto evitará que cuando, entregamos la tarjeta en comercios de la calle, alguien se pueda quedar con nuestro CVV y usarlo para realizar compras online.

Tarjeta de crédito prepago


Sin embargo, al hacer compras online, tenemos que proporcionar el CVV de nuestra tarjeta y si el comercio o pasarela de pago que empleamos no es de confianza o si algun hacker ha conseguido robar los datos de las tarjetas de los clientes de algun tienda online de la que somos clientes, entonces nuestro nº de cuenta/fecha de caducidad/CVV habrá caido en manos no deseables. En estos casos, no podemos evitar que teóricamente alguien pudiera llegar a hacer una compra con cargo a nuestra tarjeta. Algunos bancos proporcionan un seguro que cubre este tipo de robos. Sin embargo, una manera fácil de evitarlos es emplear una tarjeta de crédito prepago. Suelen ser gratuitas y es necesario recargar su saldo a través de internet o un cajero automático antes de poder realizar el pago online. A pesar de tratarse de una tarjeta de crédito, al ser prepago, el cargo se descuenta inmediatamente del saldo disponible en la tarjeta.

Tarjeta de débito asociada a cuenta bancaria sin saldo

Otra opción para el caso de que nuestro banco no disponga de tarjetas prepago es emplear una tarjeta de débito asociada a un nº de cuenta que solo tendrá el saldo necesario para recibir el cargo del pago a realizar con la tarjeta. En este último caso, conviene que esta cuenta no tenga gastos ni comisiones de mantenimiento. Por cierto, este sistema también nos serviría para evitar que determinados comercios físicos nos hagan cargos accidentales por un importe equivocado mucho mayor de la compra realizada. Esto es, podemos cargar la cuenta con 200€ y como mucho, si se equivocan o nos roban los datos de la tarjeta, podremos perder esos 200€ pero no más.

Pasarelas de pago online + tarjeta prepago


Como no podemos confiar en todas las tiendas online del mundo y tampoco es convienente que estas conserven los datos de nuestra tarjeta, se han popularizado algunas pasarelas de pago como es Paypal. Paypal sería la única que conocería los datos de nuestra tarjeta y haría de intermediario al realizar una compra online. Si además, los datos que le proporcionamos a Paypal son los de nuestra tarjeta de crédito prepago (o de débito asociada a cuenta bancaria vacia), entonces nuestras compras por internet se harán muy seguras y el riesgo de recibir cargos extraños será mínimo.

Modelo propuesto


Teniendo en cuenta lo anterior, en el cuadro siguiente se muestra un esquema del modelo de cuentas bancaras y tarjetas bancarias, teniendo en cuenta cargos por domiciliación e ingresos periódicos. En el esquema vemos que disponemos de una cuenta de ahorro tradicional en un banco físico. A ser posible dicha cuenta debería tener un interés a nuestro favor mayor del 0% TAE, no cobrarnos comisiones de mantenimiento (esto lo ofrecen algunos bancos físicos al domiciliar nuestra nómina) y permitirnos realizar mensualmente al menos 1 transferencia SEPA gratuita.

Por otro lado, tendremos dos cuentas en un banco virtual sin comisiones de mantenimiento. Una cuenta de ahorro que recibirá las transferencias periódicas desde la cuenta de ahorro del banco físico y que atenderá los cargos domiciliados (las domiciliaciones también podrían ser atendidas en la cuenta de ahorro del banco físico) y una cuenta corriente que siempre dispondrá de poco dinero y que estará asociada a nuestra tarjeta de débito para realizar pagos en tiendas físicas y a la tarjeta de crédito para realizar pagos online en internet (otra opción podría ser asociar nuestra tarjeta de débito a la cuenta de ahorro y la tarjeta de crédito a la cuenta corriente)

Compra segura con tarjeta bancaria en la calle e internet
(hacer click para ampliar imagen)

Como observamos también en el esquema, el hecho de guardar nuestro dinero en una cuenta bancaria de un banco físico sin acceso por internet habilitado (o con acceso habilitado pero que prácticamente no usemos) minimiza también el riesgo de que alguien pudiera operar con la cuenta bancaría en la que tenemos la mayor parte de nuestros ahorros. Periódicamente y según fueramos necesitando dinero iríamos recargando nuestra cuenta corriente mediante traspasos gratuitos a través de la web de nuestro banco virtual. Incluso si algún hacker tuviera acceso a la cuenta de ahorro del banco virtual, el único dinero que correría riesgo sería el almacenado en el banco virtual pero no el del real.